| Epistemowikia Revista «Hiperenciclopédica» de Divulgación del Saber Segunda Época, Año VII Vol. 6, Núm. 4: de octubre a diciembre de 2012 (en curso) | Epistemowikia es parte de
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Franco y la Segunda República
De Epistemowikia
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El autor de este artículo, Josep Xicota, ha solicitado que no sea modificado. |
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| ← | 1931-1939 |
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| Bandera | Escudo |
(en latín 'Más allá')
Valencia (1936-37)
Barcelona (1937-39)
Diego Martínez Barrio 1936
Manuel Azaña 1936-39
Las elecciones suponían a la Corona una amplia derrota en los núcleos urbanos, y una victoria en las zonas rurales. La corriente antimonárquica había triunfado en 41 capitales de provincia. En Madrid, los concejales republicanos triplicaban a los monárquicos, y en Barcelona los cuadruplicaban. Este resultado, a pesar de ser ajustado en cuanto al número de votos entre la izquierda y la derecha, representó un duro golpe para la derecha monárquica en los lugares en que el proletariado tenia más fuerza y era más combativo, en las zonas más industrializadas.
Durante una semana, la bandera roja y amarilla monárquica continuó ondeando sobre la academia, una pequeña rabieta de Franco. El gobierno provisional había ordenado al capitán general de Aragón, Enrique Fernández de Heredia, izar la bandera en toda la región. A medianoche del 14 de abril, el nuevo ministro de la guerra, Manuel Azaña, le ordenó que entregara el mando al gobernador militar de Zaragoza, Agustín Gómez Morato, que se consideraba leal a la causa republicana y que sería encarcelado por los nacionales el julio de 1936 por oponerse a la sublevación militar de Marruecos. Franco informó que la sustitución de las insignias sólo se podía ordenar por escrito. Hasta que el 20 de abril el nuevo capitán general de la región, el general Leopoldo Ruiz Trillo, firmó una orden para izar la bandera republicana,[2]
Manuel Azaña Díaz
El nuevo ministro de la Guerra, Manuel Azaña, se encontró con un ejército sobrado de hombres, una oficialidad desproporcionada, con un equipo obsoleto e insuficiente. Tampoco había combustible ni munición para hacer ejercicios y maniobras. Ante esto se publicó, el 22 de abril de 1931, un decreto en el que se requería que los oficiales del ejército hicieran una promesa de fidelidad a la República. En caso de negarse se entendía que dejaban el servicio activo. El sibilino y pragmático Franco optó, sin ninguna dificultad aparente, a seguir con su profesión.[3] La hostilidad latente de Franco hacia la República casi salió a la superficie con las reformas militares de Azaña. En concreto lo consternó la abolición de las ocho regiones militares históricas, que ya no se dirían capitanías generales sino que se convertirían en divisiones orgánicas al mando de un general de división que no tendría poderes jurisdiccionales sobre los civiles.[4]
Ramón y la quema de iglesias
Llega la noticia sobre la quema de iglesias, el 11 de mayo, en Madrid, Málaga, Sevilla, Cádiz y Alicante que no dejaron a Franco indiferente. En su mayoría, los ataques eran obra de anarquistas. Lo que, probablemente, Franco no sabía eran las acusaciones que los incendios comenzaron con gasolina de aviación, proporcionada por su hermano menor, Ramón, procedente del aeródromo de Cuatro Vientos. Sin embargo no pudo ignorar la siguiente afirmación pública de su hermano: "contemplé con alegría aquellas magníficas luminarias como expresión de un pueblo que ansiaba liberarse del oscurantismo clerical".[5]
Azaña ordena el cierre de la Academia Militar de Zaragoza
Azaña ordenó el cierre de la Academia Militar de Zaragoza en un intento de reducir el gasto miitar y con sus dudas sobre la eficacia de la instrucción que se impartía en ella. La orden, del 30 de junio de 1931, llegó a Franco durante unas maniobras que se estaban realizando en los Pirineos. Su primera reacción fue de incredulidad. Al confirmarse la orden Franco quedó desolado y le costó controlar su aflicción. Escribió a Sanjurjo para que intercediera ante Azaña. Sanjurjo le respondió que debía resignarse a la clausura. Unas semanas más tarde, Sanjurjo comentó a Azaña que Franco era "como un niño al que le quitan un juguete." Franco pronunció un discurso solemne ante los cadetes y acabó llorando. Finalmente empaquetó sus cosas y se fue a la casa de campo de su mujer, La Piniella, en Llanera, cerca de Oviedo.[6]
Después dede cierre de la academia, Franco se encontró en situación de disponible durante casi ocho meses y con el 80% de su sueldo. La huelgas promovidas por la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) y la política de Azaña alimentaron los primeros rumores fundados de una posible conspiración militar.La Comisión de Responsabilidades durante la Segunda República
Franco vuelve a la actividad militar
Tras un largo periodo de inactividad, el 5 de febrero de 1932, Franco es destinado a la Coruña como comandante de la XV Brigada de Infantería de Galicia. Estaba encantado de encontrarse en la Coruña, cerca de la su madre, a quien visitaba todos los fines de semana. Azaña lo había mantenido deliberadamente en el limbo como castigo por la alocución de Franco en la despedida de la Academia Militar de Zaragoza. Esto incubó en el joven general un fuerte rencor contra Azaña durante el resto de su vida.[8]
Graves incidentes con la Guardia Civil
Durante una huelga pacífica, a finales de 1932, de campesinos en la provincia extremeña de Badajoz, en la localidad de Castilblanco, un remoto pueblo en la árida zona conocida como la Siberia extremeña su alcalde ordenó a los cuatro números de la Guardia Civil del cuartel local para que intervinieran para dispersar a los huelguistas. Después de cierto forcejeo, un guardia civil abrió fuego matando a un hombre e hiriendo a dos más. Los lugareños reaccionaron abalanzándose sobre los cuatro guardias civiles, y matándolos con piedras y cuchillos. Sanjurjo visitó la población y culpó de la ofensa a la diputada socialista por Badajoz, de extrema izquierda, Margarita Nelken. Todo ello formaba parte del proceso desestabilizador por el que se estaba convenciendo a los militares que la República significaba desorden y anarquía.
No tarda la revancha por los hechos de Castilblanco
Mientras el país se rehacía del horror de Castilblanco, ocurrió otra tragedia. En el pueblo de Arnedo, provincia de Logroño, algunos trabajadores de una empresa de calzado fueron despedidos por pertenecer a la Unión General de Trabajadores (UGT). Durante un mitin de protesta la Guardia Civil, sin provocación aparente, abrió fuego matando a cuatro mujeres, un niño y un obrero, e hiriendo a otros treinta trabajadores, algunos de los cuales murieron a los pocos días. A resultas de estos hechos Azaña, el 5 de febrero de 1932, sustituye a Sanjurjo al frente de la Guardia Civil por Miguel Cabanellas Ferrer. Esto fue aprovechado por la derecha española para instigar a Sanjurjo para protagonizar un golpe militar. Aunque este no se llegó a producir, Sanjurjo empezó a maquinar contra la República.[9]
Franco rechaza, de momento, un golpe militar contra la República
Franco y Sanjurjo, el 13 de julio de 1932, cenaron juntos en la Coruña y hablaron del inminente pronunciamiento. Franco le dijo que no estaba dispuesto a participar en ningún tipo de golpe. Le preocupaba poner en peligro las comodidades que acababa de descubrir.[10] En la Coruña era prácticamente un gobernador militar y gozaba de un espléndido nivel de vida, con una gran casa y criados de guante blanco. Las mínimas obligaciones como comandante militar le permitían visitar con frecuencia el Club Náutico, donde podía satisfacer su amor por la navegación. Allí conoció a Máximo Rodríguez Borrell quien, después de la guerra, se convertiría en su asiduo compañero de cacerías y pesca.
Siguieron las escaramuzas de Sanjurjo y otros militares. Todos creían que Franco, si se producía el golpe, se uniría a ellos. Se le consideraba el hombre clave para una acción de este tipo contra la República. Franco, en su faceta de hombre astuto y precavido, creía que no era el momento oportuno para una revuelta.[11]
Sanjurjo encabezó un frustrado golpe militar (la Sanjurjada) y pidió a Franco que fuera su defensor en el posterior juicio. Este, con su habitual frialdad glacial, se reveló en decirle a su antiguo comandante: "Podría, en efecto, defenderlo a usted, pero sin esperanza. Pienso en justicia que al sublevarse usted y fracasar, se ha ganado el derecho a morir."[12]
Azaña lo destina a las islas Baleares
En febrero de 1933, Azaña lo destinó a las islas Baleares como comandante general. Era un destino que normalmente habría correspondido a un general de división y bien podría formar parte de los esfuerzos de Azaña para atraer a Franco a la órbita republicana, recompensandolo por su pasividad durante la Sanjurjada, El nuevo comandante militar llegó a Palma de Mallorca el 16 de marzo de 1933. Aunque estaba atareado y satisfecho con su labor en las Baleares, Franco habló con amigos de dejar el ejército y meterse en política. En Palma lo visitó un emisario de la recién creada Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA) quien ofreció a Franco su inclusión como candidato en sus listas. Franco se negó de pleno a pesar de que votó a la formación derechista. Franco saldría de la postergación que le parecía el confortable destierro en Baleares y se acercaría hacia el centro del favor político.[13]
Franco y la Segunda República, 1934-1936
Seguían cada vez con más frecuencia y virulencia las escaramuzas de la derecha. El nuevo ministro de la Guerra, fue el diputado conservador radical por Badajoz y amigo de Lerroux, Diego Hidalgo. La relación entre Diego Hidalgo y Franco se consolidó en junio de 1934 durante una visita de cuatro días que el ministro realizó en las islas Baleares donde quedó impresionado por la capacidad de trabajo del general, su obsesión por el detalle y su fría deliberación para resolver problemas.[14] Con anterioridad, a finales de marzo de 1934 Hidalgo presentó con éxito al gobierno una propuesta de ascenso de Franco a general de división.
Entran en acción los carlistas y su "Comunión Tradicionalista"
Los carlistas reunían armas y recibían entrenamiento militar en el norte. En la primavera de 1934, Manuel Fal Conde, secretario del movimiento, reclutaba voluntarios en Andalucía. Los carlistas, junto con la fascista "Falange Española" y los influyentes y ricos alfonsinos, constituyeron la derecha de corte catastrofista. Se les llamó así por su determinación a destruir la República de forma traumática. Sus planes de revuelta darían fruto en el verano de 1936. El 31 de marzo de 1934, dos representantes carlistas, acompañados por el dirigente de los monárquicos de "Renovación Española", Antonio Goicoechea y por el general Barrena, se reunieron con Benito Mussolini en Roma. Firmaron un pacto que prometía armas y dinero para un pronunciamiento militar contra la República.
Franco sigue reticente a un golpe militar
Aunque Franco tuvo buen cuidado de distanciarse de los generales que participaron en las conspiraciones monárquicas, ciertamente que compartía algunas de sus preocupaciones. Si Franco era prevenido en cuanto a los conspiradores monárquicos de la extrema derecha, aunque tenía más cautela con los nacientes grupos fascistas que empezaban a entrar en escena como: El Movimento Juvenil de Gil Robles o la Juventud de Acción Popular (JAP), que mantenían la esperanza de que Franco iniciara una "marcha sobre Madrid" para conquistar el poder. Primo de Rivera era amigo íntimo de Ramón Serrano Suñer, cuñado de Franco, quien intentó acercarlos sin éxito.[15]
Mientras Franco se centraba en su familia y en asuntos profesionales, la temperatura política se elevaba en toda España. Durante 1934 la tensión fue máxima. Los sucesivos gobiernos radicales fueron incapaces de borrar las sospechas que no eran más que el caballo de Troya de Gil Robles. Con Salazar Alonso provocando huelgas a lo largo de la primavera y el verano de 1934, fue eliminando uno a uno los sindicatos más poderosos. El gobierno amplió sus ataques a los más leales defensores de la República y también comenzó a dirigir una ofensiva contra los vascos y, aún más, contra los catalanes.
Franco vuelve a la península
Hidalgo invitó a Franco a dejar las Baleares y volver a la península. El verdadero fin de la invitación era que el general se encontrara en Madrid, cerca del ministro, en los azarosos días que se avecinaban. En la derecha, la presteza del ejército a enfrentarse a una probable iniciativa izquierdista fue un tema de debate frecuente. La decisión de Hidalgo de utilizar a Franco derivaba de su desconfianza, alimentada por Gil Robles, del general Masquelet y otros oficiales liberales del ministerio de la Guerra que habían sido afines a Azaña.
En la sala de telégrafos del ministerio de la Guerra, Franco estableció un pequeño cuartel general formado por él, su primo Pacón y dos oficiales de la Armada, el capitán Francisco Moreno Fernández y el capitán de corbeta Pablo Ruiz Marset. Durante dos semanas controlaron los movimientos de tropas, barcos y trenes que se emplearían para aplastar la revolución en Asturias. Franco dirigió personalmente los bombardeos de la costa por parte de la artillería naval. Libre de de las consideraciones humanitarias que hacían que algunos oficiales superiores más liberales dudaran de utilizar todo el peso de las fuerzas armadas contra los civiles, Franco afrontaba el problema que tenía ante él con gelida crueldad.[16]
Ordenó, sin escrúpulos, el embarque de mercenarios marroquíes para luchar en Asturias. No le parecía contradictorio utilizar a los magrebíes de las tribus del Rif ya que le merecian el mismo menosprecio que los obreros de izquierdas. Cuando supo que uno de los oficiales al mando de las tropas procedentes de África, el teniente coronel López Bravo, había expresado sus dudas sobre si dispararían contra civiles, Franco recomendó su inmediata sustitución y puso al coronel Juan Yagüe al frente de las tropas africanas. Casi inmediatamente ordenó el bombardeo y el ataque a los barrios obreros de las ciudades mineras. Algunos de los generales más liberales consideraron las órdenes brutales.[17] Las atrocidades siguieron con las tropas africanas llevando a cabo una salvaje represión. Cuando las tropas gubernamentales reconquistaron Gijón y Oviedo procedieron a ejecuciones sumarias de obreros.
Desde el 16 de noviembre 1934 al 3 de abril de 1935, el presidente del Consejo, Alejandro Lerroux en persona ocupó en ministerio de la Guerra y nombró a Franco comandante en jefe de las fuerzas armadas españolas en Marruecos, donde permaneció unos tres meses.
De nuevo en la península, a mediados de 1935, Franco aún no pensaba en una intervención militar contra la República, aunque el camino hacia el golpe militar de 1939 estaba abonado. El golpe de estado era de hecho inevitable. Como jefe del Estado Mayor, Franco se dedicó a establecer contactos con fabricantes de armas alemanes como parte del planeado rearme. Al rememorar este periodo como jefe del Estado Mayor, Franco lo hacía con gran satisfacción, porque sus éxitos facilitaron el posterior y definitivo esfuerzo de los nacionales en la guerra.[18]
La izquierda se une bajo el recién nacido Frente Popular
La izquierda organizada crecía en fuerza, unidad y beligerancia. La miseria de un gran número de campesinos y obreros, la salvaje persecución de los rebeldes de octubre y los ataques a Manuel Azaña se combinaron para producir una atmósfera de solidaridad entre los sectores de la izquierda. En la segunda mitad de 1935, Azaña presidió una serie de mítines multitudinarios y el fervor de cientos de miles de personas que asistieron, ayudó a cuajar el entusiasmo por lo que sería el Frente Popular. El minúsculo Partido Comunista de España se unió al Frente Popular.
Las elecciones se fijaron para el 16 de febrero de 1936. Mientras los rumores de un golpe militar no cesaban. Fue inevitable que la campaña electoral se desarrollase en una atmósfera de lucha violenta. El resultado de estas significó una exigua victoria del Frente Popular en cuanto a votos, pero un sustancial triunfo en cuanto a escaños en las Cortes. La victoria de la izquierda en las elecciones repercutió en Franco de manera casi inmediata.
Franco y las derechas inician el camino hacia la guerra civil
Franco es destinado como comandante general de las islas Canarias. Este destino no fue de su agrado. Antes de abandonar Madrid, Franco hizo las visitas obligadas al nuevo jefe de gobierno, Azaña, y al presidente de la República, Alcalá-Zamora. A los ojos resentidos de Franco, Alcalá-Zamora era peligrosamente optimista sobre la situación. Franco le dijo que no se disponía de medios suficientes para combatir la revolución. El presidente respondió que la revolución había sido derrotada en Asturias. Franco dijo: "Recuerde señor presidente lo que costó contenerla. Si se repite en todo el país, será muy difícil sofocarla, porque el ejército no tiene hoy los elementos necesarios y porque ya están repuestos en sus mandos los generales interesados en que no se venza." Alcalá no captó la indirecta y se limitó a mover la cabeza. Cuando Franco se levantaba para irse, el presidente le dijo: "Váyase tranquilo. En España no habrá comunismo," a lo que Franco, con posterioridad respondió: "De lo que estoy seguro, y puedo responder, es que, sean cuales sean las contingencias que se produzcan aquí, donde yo esté no habrá comunismo".[19] Apartado una vez más de un trabajo que le apasionaba. Franco era más que nunca un general que temer. No era el único. La estrechez de la victoria electoral de la izquierda daba una clara idea de la polarización de la sociedad española.
Antonio Machado (que tuvo que exiliarse a la localidad de Collioure, en Francia, donde murió), retrataba en uno de sus poemas la situación con unos sencillos versos: "Españolito que vienes al mundo te guarde Dios, una de las dos Españas ha de helarte el corazón".
El 8 de marzo, el día antes de partir hacia Cádiz, la primera etapa de su viaje, Franco se reunió con con numerosos militares disidentes en casa de José Delgado. Entre los presentes estaban Mola, Varela, Fanjul y Orgaz, así como el teniente coronel Valentín Galarza. Debatieron la necesidad de un golpe. Todos estuvieron de acuerdo en que el exiliado general Sanjurjo encabezara el pronunciamiento. Las conspiraciones militares comenzaron en serio.
El 16 de febrero de 1936 se llevaron a cabo unas elecciones llamadas como del "Frente Popular". Una falsificación en los votos provocó que se tuvieran que repetir a principios de mayo de 1936. Las rencillas de la derecha para encabezar las listas fue la nota predominante.
Mientras tanto, la lucha por el poder en el gobierno de la República, culminó con la oposición de Francisco Largo Caballero a las reformas pactadas. Las consecuencias fueron catastróficas. Se malogró la última oportunidad para evitar la guerra civil. Bajo la enérgica dirección del general Mola, la conspiración avanzaba rápidamente. A mediados de mayo recibió la visita del teniente coronel Seguí, del Estado Mayor del ejército africano, que informó de que las guarniciones de Marruecos estaban preparadas para rebelarse. Franco estaba perfectamente informado de ello, pero seguía mostrándose reticente al golpe militar.[20]
Ante esto, Mola mandó que buscaran el piloto del Dragon Rapide (el avión que debía trasladar a Franco a Marruecos al frente de la revuelta), Juan Antonio Ansaldo, y ordenaran a Sanjurjo a Marruecos para hacer el trabajo de Franco . Mola informó que no contaban con él. Sin embargo, dos días más tarde, llegó un mensaje diciendo que Franco volvía a estar con ellos.[21]
La lucha fratricida que había comenzado ya, con asesinados por ambos bandos, condujo al asesinato del beligerante líder monárquico, José Calvo Sotelo. Cuando Franco recibió la noticia exclamó: "la patria ya cuenta con otro mártir. No se puede esperar más. ¡Es la señal!" Se estipuló que el alzamiento comenzaría el 18 de julio. Ciertos indicios de que los conspiradores de Marruecos estaban a punto de ser arrestados hicieron que la acción se adelantara a primeras horas de la tarde del 17 de julio. A las 4 de la madrugada del 18 de julio despertaron a Franco en la habitación de su hotel para darle las de El coronel Luis Solans, el teniente coronel Seguí y el coronel Darío Gazapo habían tomado Melilla en nombre de Franco y arrestado al comandante militar de Marruecos, el general republicano Gómez Morato. Yagüe había tomado el mando en Ceuta y los coroneles Eduardo Sáez de Buruaga, Juan Beigbeder y Carlos Asensio Cabanillas había hecho con el control de Tetuán. Franco se atribuyó a sí mismo un papel clave en el levantamiento a pesar de encontrarse cómodamente establecido en Las Palmas de Gran Canaria.[22] Comenzaba de esta manera la fraticida y sangrienta Guerra Civil Española.
Fosas comunes descubiertas hasta mayo de 2011
Casi la mitad de las 2.246 fosas inventariadas se hallan en Aragón y Andalucía. A pesar de ello no hay ninguna comunidad española en la que no se hayan hallado dichas fosas, fruto de la Guerra Civil española, (1936-39).
La afluencia de visitas a dicha información ha llegado a saturar, en ciertos momentos, el servidor del Ministerio de Justicia. La página cuenta con varias herramientas para facilitar a los ciudadanos la localización de los enterramientos y de las víctimas. Una de ellas es un mapa geográfico de España donde están señalizadas mediante distintos colores las fosas y los estudios realizados sobre ellas.
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Referencias
- ↑ PRESTON, Paul. Franco, "Caudillo de España Barcelona: EDICIONES GRIJALBO S.A., Junio de 1994, p. 98. ISBN 84-253-2498-X.
- ↑ PRESTON, Paul. Franco, "Caudillo de España Barcelona: EDICIONES GRIJALBO S.A., Junio de 1994, p. 100. ISBN 84-253-2498-X.
- ↑ PRESTON, Paul. Franco, "Caudillo de España Barcelona: EDICIONES GRIJALBO S.A., Junio de 1994, p. 106. ISBN 84-253-2498-X.
- ↑ PRESTON, Paul. Franco, "Caudillo de España Barcelona: EDICIONES GRIJALBO S.A., Junio de 1994, p. 106. ISBN 84-253-2498-X.
- ↑ PRESTON, Paul. Franco, "Caudillo de España Barcelona: EDICIONES GRIJALBO S.A., Junio de 1994, p. 108. ISBN 84-253-2498-X.
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- ↑ PRESTON, Paul. Franco, "Caudillo de España Barcelona: EDICIONES GRIJALBO S.A., Junio de 1994, p. 121. ISBN 84-253-2498-X.
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- ↑ PRESTON, Paul. Franco, "Caudillo de España Barcelona: EDICIONES GRIJALBO S.A., Junio de 1994, p. 159. ISBN 84-253-2498-X.
- ↑ PRESTON, Paul. Franco, "Caudillo de España Barcelona: EDICIONES GRIJALBO S.A., Junio de 1994, p. 168. ISBN 84-253-2498-X.
- ↑ PRESTON, Paul. Franco, "Caudillo de España Barcelona: EDICIONES GRIJALBO S.A., Junio de 1994, p. 176. ISBN 84-253-2498-X.
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