El Trabajo Social de Comunidad ha sido uno de los referentes metodológicos clásicos en la profesión, focalizando en el nivel comunitario la intervención dirigida del trabajador social, en complementación recíproca de las actuaciones en el nivel individual y grupal.

 

En la actualidad se viene observando una reorientación de las instituciones, y de la sociedad civil, hacia el valor de "lo comunitario". Existe un interés creciente hacia cualquier forma de intervención comunitaria que favorezca la búsqueda de soluciones hacia necesi­dades que desde el  plano formal de las instituciones públicas no es viable cubrir adecuada­mente. Por otro lado, también se ha creado una conciencia amplía acerca de que el factor económico no es el único dirimente de la calidad de vida que disfruta la ciudadanía, de manera que se evidencia otro tipo de necesidades de mayor amplitud, en las que el dinero no es la vía única que les puede dar cobertura.

 

Las organizaciones sanitarias no son ajenas a estas tendencias sociales, habiendo incorporado a instrumentos básicos de gestión sanitaria elementos estrechamente vincula-dos a la intervención comunitaria, como puede ser la participación social.

 

Es en este contexto en el que el énfasis sobre el método, técnicas, estrategias de acción comunitaria vuelven a adquirir un máximo interés, por lo que el Trabajo Social se en­cuentra posicionado en un espacio técnico excelente, para poder liderar procesos de acción comunitaria. Dicho posicionamiento viene dado por la experiencia histórica que como disci­plina científica ha ido acumulando, así como por los desarrollos teóricos fruto de la misma que se han configurado desde principios del siglo XX, habiendo sido declarado campo de acción profesional específico en 1962 por la NASW (Asociación Nacional de Trabajadores Sociales Norteamericanos).

 

En todo el largo recorrido histórico que el Trabajo Social ha tenido, se ha hecho alusión, con diferentes expresiones, a! cuerpo de conocimientos y de experiencias relativas a la intervención comunitaria, diferencias que, no en pocas ocasiones, esconden diferencias de matiz, o de posicionamientos ideológicos contrapuestos: organización comunitaria, desa­rrollo comunitario, trabajo social comunitario...

 

Desde un punto de vista teórico, la configuración del Trabajo Social Comunitario se ha construido bajo la influencia de teorías sociológicas y psicosociales, entre las que cabe des­tacar la del cambio planificado en EE UU, la corriente de Reconceptualización del Trabajo Social en Sudamérica, la teoría sistémica y de redes sociales...

 

En definitiva, el Trabajo Social Comunitario comporta que el trabajador social sea per­cibido como un agente de cambio dentro de los procesos comunitarios. Es un elemento catalizador de las sinergias coincidentes en el marco de la comunidad, que induce a la autogestión de las necesidades que afectan a personas que, hasta el momento, no habían desarrollado su potencial como protagonistas de su propio desarrollo. Ayuda a la población a entender la problemática en la que se ven inmersos, así como a descubrir vías de habili­tación de recursos pertinentes.

Por otro lado, hay quien considera precisa su presencia continua en la población, a fin de posibilitar todo el proceso, dado que se trabaja con la comunidad y no sólo para !a comunidad... Se trasciende lo meramente asistencial, apostando por la promoción social, desde consideraciones más espaciales y globales, que personales (individuales).

Antonio José Nisa Cuesta